El autocuidado constituye el eje central del bienestar individual y colectivo, al referirse al conjunto de acciones, decisiones y conductas que las personas adoptan de manera cotidiana para preservar su salud, prevenir enfermedades y mejorar su calidad de vida. En el contexto de una institución de salud, el fortalecimiento del autocuidado no solo impacta en los pacientes, sino también en el personal de salud y en la comunidad en general, promoviendo una cultura de corresponsabilidad en el cuidado de la salud.
Este dominio integra dimensiones físicas, emocionales y sociales, reconociendo que la salud no es únicamente la ausencia de enfermedad, sino un estado de equilibrio dinámico. Implica el desarrollo de habilidades para identificar factores de riesgo, reconocer signos tempranos de enfermedad, manejar el estrés, mantener hábitos saludables y buscar atención médica oportuna cuando sea necesario.
El autocuidado también está estrechamente vinculado con la alfabetización en salud, es decir, la capacidad de comprender información médica y utilizarla para tomar decisiones informadas. El Programa de Vida Saludable promueve estrategias accesibles, en donde resalta el proyecto MIDO una estrategia digital de la Fundación Carlos Slim diseñada para detectar tempranamente enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, sobrepeso, obesidad, como miembro de la comunidad institucional puedes ser parte de este y otras prácticas y basadas en evidencia que permitan a las personas fortalecer su autonomía y empoderamiento en salud.
Fomentar el autocuidado dentro del entorno institucional y fuera de este contribuye a reducir la carga de enfermedad, mejorar la adherencia a tratamientos y generar entornos más saludables. Asimismo, favorece una cultura organizacional en la que el bienestar se convierte en una prioridad compartida, impactando positivamente en la productividad, la satisfacción laboral y la calidad de la atención.